La embajadora de Estonia, Mariin Ratnik, explica el éxito de la digitalización en el país nórdico

La embajadora de Estonia en España, Mariin Ratnik, junto al cónsul del país en las Islas Baleares, Guillermo Dezcallar, explicó el contexto y desarrollo del único país del mundo donde el 99 % de los servicios públicos son accesibles, vía internet, las 24 horas, los 7 días de la semana. Un país, con una población de 1,3 millones que cuenta entre los menos poblados de la Unión Europea.

Con una buena conexión a internet, cobertura legal y los derechos de los usuarios preservados, Estonia ha construido una cartera gubernamental de servicios en línea que quiebra con la burocracia tradicional. Como ejemplo, la constitución de una empresa puede efectuarse en media hora. Los estonios también pueden votar de forma on line ( es el único país que lo hace), se matriculan en los estudios, obtienen sus recetas médicas o pagan impuestos en un click. La clave resulta obvia: «si un servicio digital resuelve un problema de la población de forma sencilla, muy pocas personas se negarán a usarlo», asegura Ratnik.

 

Si un servicio digital resuelve un problema de la población de forma sencilla, muy pocas personas se negarán a usarlo


 

Como receta del éxito, Ratnik apunta a diversos factores:

La digitalización no es una cuestión de tecnología sino que se necesita un liderazgo con mentalidad digital que esté decidido a convertir en realidad la e-governance; se debe disponer de leyes breves y simples y de servicios en línea; se debe mantener la transparencia para mantener la confianza de la sociedad, especialmente en casos de crisis; el diseño del servicio es insustituible y debe estar centrado en el ciudadano/usuario.

Además, el gobierno estonio, añade Ratnik, ha estado siempre abierto a las alianzas público-privadas. El argumento para ello es muy simple: el gobierno establece ciertos parámetros y expectativas de servicio, pero deja la ejecución a los especialistas en las diversas áreas, que generalmente se encuentran en el sector privado.

Cuando Estonia recuperó la independencia en 1991, cuenta Ratnik, se disponía de un pequeño presupuesto gubernamental de alrededor de 130 millones de euros por lo que, debido a la falta de dinero y de personal, tuvieron que optimizar las herramientas tecnológicas al máximo. No obstante, la capital, Tallin, había sido la sede del instituto de cibernética de la Unión Soviética desde la década de 1960, por lo que ya contaban con parte del talento informático requerido.

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