Confinamiento y memoria

por Petros Márkaris


Cuando estás encerrado en casa durante seis semanas enteras y el único contacto que tienes con el mundo exterior es un breve paseo y la pantalla del ordenador o de la televisión, entonces la memoria se convierte en una especie de película histórica de ti mismo, a veces amarga y a veces divertida. Es precisamente esta película la que veo diariamente durante las seis semanas que llevo confinado. Os trasladaré algunas de sus imágenes.

Recuerdo el inicio de mi carrera como escritor y traductor, cuando estaba obligado a trabajar fuera de casa para ganarme la vida. En aquel entonces y durante muchos años fui un «escritor de fin de semana». Contaba los días de la semana hasta que llegaba el sábado, para poder sentarme en mi despacho y ejercer de escritor. Hoy, con el confinamiento, me paso el día sentado en mi despacho a la búsqueda de una idea, de un tema sobre el cual escribir, mientras espero con la misma ansiedad la hora de mi paseo diario. Antiguamente contaba los días, ahora miro el reloj.

El segundo paseo que hago indefectiblemente cada día es el de los periódicos y los canales de televisión. Diariamente, sin excepción, me enfrento a una auténtica cascada de noticias, opiniones, puntos de vista, informaciones y comentarios en relación a investigaciones en curso sobre el coronavirus. Y en algún momento de este paseo recuerdo la película de Sergio Leone El bueno, el feo y el malo. En una escena de la película, Eli Wallach está sentado en una bañera. De repente, entra en la habitación un cowboy y le apunta con una pistola, aunque, en lugar de disparar, empieza a hablar sin parar. En un momento determinado, Wallach saca dos pistolas de dentro de la bañera, dispara al cowboy, lo mata y después le dice: «You want to shoot, shoot. Don’t talk» («Si tienes que disparar, dispara, pero no hables más»). Así me siento yo cuando leo o miro las noticias. El lugar de Wallach lo ha ocupado ahora el coronavirus, que nos mata mientras nosotros no dejamos de hablar.

No pasa un solo día que no lea o no oiga alguna alabanza en relación a la manera como Grecia y los griegos hacen frente a esta pandemia. Ingleses, americanos y alemanes, entre otros, nos elogian constantemente. Y en ese momento mi pensamiento se remonta algunos años atrás, al periodo de la crisis, cuando todo el mundo nos había puesto en la picota. Entonces, no había día en que no escucháramos a alguien que no nos criticara. Nos ponían verdes: desde tratarnos de incapaces y de inútiles hasta definir a Grecia como un «failed state». Ahora recibimos solo elogios, mientras yo recuerdo la famosa máxima del Evangelio según san Mateo: «Los últimos serán los primeros».

Creo que debo parar aquí la proyección de esta película de la memoria. Si no, podría llegar a durar más de tres horas, como las películas de mi querido amigo Thódoros Anguelópulos.

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